Vendredi 01 Mars 2024
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Samedi, 28 Octobre 2023
jos26pk
 
Gregorio Corrochano : « A Joselito le ha matado un toro… » (2)…
 
… « José, qui avait sans doute été surpris par le toro, n’eut pas le temps de faire quoi que ce soit, ni de lui donner la sortie, ni de « quitarse de allí ». Il n'avait fait qu'avancer la muleta « para taparle y parar el golpe ». 
 
Le toro l'attrapa de plein fouet, l'accrocha par la cuisse droite et lui donna en l’air « una cornada seca y certera en el bajo vientre, como las que había dado a los caballos. Cayó José mortalmente herido, se contrajo, y el toro le derrotó en el suelo pero no lo recogió. »
 
Lorsqu'on l'emporta, « me miró con cara de angustia » et avec la main, il me montra sa aine, en même temps qu'il ramassait ses intestins qui pendaient.
 
Au Cuco, qui l'emmenait à l'infirmerie, il dit : « Mascarell, préviens Mascarell. »
 
« Y ya no hablo más, le dio el colapso ».
 
Ses amis proches, Leandro Villar et Darío López, partirent sans perdre une minute pour Madrid pour en ramener les docteurs Mascarell et Goyanes.
 
« Todo inútil. Apenas recorrerían unos minutos, ya su pobre amigo no tendría necesidad de la ciencia que iban a buscar. »
 
Ils cachèrent la vérité à Sánchez Mejías qui combattit le sixième toro ; « vengativo, descompuesto, haciendo tantas y temerarias cosas, que ya temíamos por el segundo percance » fut Ignacio.
 
Pendant ce temps, à l'infirmerie, les docteurs Sanguino, Ortega, Muñoz, Luque, Pajares, essayaient de faire réagir Joselito avec du sérum, de la caféine, du camphre... « Nada, todo inútil porque el pobre torero no reaccionaba. Sólo hubo un momento de esperanza, en que movió los brazos, para caer nuevamente en el sopor, y cuando su cuñado, Sánchez Mejías, muerto el último toro, entraba corriendo en la enfermería ya alarmado por el rumor de la plaza y el ir y venir de la gente por el callejón, expiraba Joselito, de schot traumático. »
 
Je l'ai vu mort, je l'ai vu et ne pouvais le croire. 
 
J'ai vu comment un portrait de sa mère et une médaille de la Virgen de la Esperanza, déformée par un toro à Saint-Sébastien, furent retirés de son cou.
 
 Il me semblait endormi. 
 
Je ne pouvais pas croire que celui qui quelques minutes auparavant faisait la joie de cette plaza et faisait rêver toutes les empresas soit mort. Il me semblait incroyable que la personne qui m'accompagnait il y a quelques heures soit morte, celui qui « al montar en la estación en un coche, como esos que van en Madrid con bodas a la Bombilla, empezó a cantar alegremente y fue hasta el hotel gritando como un chico: «Viva la novia». 
 
Cela me semblait un mensonge, mais c'était la réalité, la tragique réalité : Joselito avait été tué par un toro et je me dois de dire ce qui est une autre réalité douloureuse : Le terrible n’est pas qu’un torero soit tué par un toro, mais plutôt la manière, la forme, les circonstances de ce cas précis. 
 
Car avec Joselito, non seulement un torero est mort, mais est morte la figure représentative de la tauromachie, et peut-être, qui sait, la Fiesta brava elle-même. »
 
Gregorio Corrochano.
 
ABC/ 18 Mai 1920.
 
Datos  
 
José Gómez Ortega, dit « Joselito » ou encore « Gallito », né le 8 mai 1895 à Gelves (province de Séville) et mort le 16 mai 1920 à Talavera de la Reina (province de Tolède).
Gregorio Corrochano Ortega (Talavera de la Reina, 8 de abril de 1882 - Madrid, 19 de octubre de 1961) fue un periodista y ensayista español, particularmente especializado en tauromaquia.
 
Nacido el 8 de abril de 1882 en Talavera de la Reina, provincia de Toledo, era procedente de una familia de agricultores y ganaderos, inició en Madrid estudios de ingeniería de caminos, que abandonó pronto por la práctica del periodismo, primero como meritorio del rotativo madrileño La Mañana, donde comenzó a escribir críticas teatrales y taurinas y luego para la revista Ecos y el diario Abc de Madrid. Corrochano ejerció como corresponsal de guerra durante la guerra del Rif en Melilla, llegando a amistar con el general José Sanjurjo y de esa época data su novela ¡ Mektub ! (1926) sobre el protectorado español en Marruecos.
 
Sin embargo, su fama se la debe a sus crónicas taurinas, realizadas sobre todo en el diario ABC. Pertenece a una segunda generación de críticos taurinos que empezaron a realizar crónicas con estilo literario, que incluían juicios técnicos, pero también estéticos y subjetivos. Antes, en el siglo XIX, las crónicas taurinas eran muy escuetas, y se limitaban a dar datos objetivos de cada toro (puyazos, caballos derribados o muertos, etc.). Presenció la mortal cogida de José Gómez “Joselito”, que puso fin a la llamada Edad de Oro del toreo.
 
Su rendida admiración por el menor de los Gallo y el recuerdo dolorido de su cogida marcó muchas de sus crónicas posteriores: «¿Qué es torear? Yo no lo sé. Creí que lo sabía Joselito y vi cómo lo mató un toro.» 
 
Corrochano fue muy respetado por todos, incluso los profesionales del toreo, ya que aunaba su calidad literaria con un profundo conocimiento del arte de torear. Historiadores taurinos de la relevancia de José María de Cossío ensalzaron su importancia:
 
«Corrochano sigue la manera de las crónicas impresionistas y sabe ver el suceso, a veces el detalle o matiz característico, que ha de servirle de tema de su crónica. Creo que es la figura moderna del revisterismo de mayor relieve y personalidad
 
Sus crónicas tienen con frecuencia un tono pedagógico. En una época en que el toreo se había convertido en espectáculo de masas, Corrochano deseaba formar adecuadamente a los aficionados para que valorasen de forma justa la lidia. Cuando lo cree necesario, tiene la suficiente autoridad moral para reconvenir incluso a los propios toreros, siempre de forma argumentada y clara.
 
Cuando su hijo, Alfredo Corrochano, se hizo matador de toros, abandonó la crítica taurina.
 
Falleció en su domicilio del número 70 del madrileño paseo de la Castellana el 19 de octubre de 1961.
 
Patrice Quiot